En su destierro en Santa Elena, rodeado de pocos amigos y en la soledad del poder más absoluta, El Emperador fue consciente de cuál sería su mayor victoria: "Mi verdadera gloria no es haber ganado cuarenta batallas; Waterloo eclipsará el recuerdo de tantas victorias. Lo que nada borrará, lo que vivirá eternamente, es mi Código Civil".
Las grandes obras físicas de los gobernantes del pasado desafían al tiempo (Gran Muralla, pirámides, Acrópolis, etc.), pero la verdadera grandeza reside en obras inmateriales que trascienden milenios; obras que aún hoy impactan y modelan el presente (Código de Hammurabi, Doce Tablas, Código de Justiniano, Carta Magna, etc.).
Legislar es organizar el presente pensando en el provenir… aprobar leyes es simplemente levantar la mano (o decir, “¡corroboro!”). Quizás porque la arquitectura constitucional del poder no se corresponde con la realidad material de las relaciones políticas, derivadas de la dinámica electoral dominicana, el congreso sólo es “primer poder del Estado” en papel; contrapeso en declaraciones; control y fiscalización en sueños.
Todos los congresos han sido extensiones legislativas del Poder Ejecutivo; partes fundamentales del engranaje partido/gobierno de turno, por lo que, en justicia, el accionar independiente y autónomo de los presidentes de ambas cámaras, a lo largo del tiempo coincide, apoya y endosa las iniciativas del trinomio presidente/partido/gobierno; cuando no es caja de resonancia del poder, o de los intereses y prioridades de la oposición. Así ha sido desde siempre, con contadas (y traumáticas) excepciones.
La victoria electoral del PRM en las elecciones de 2024 fue rotunda, categórica e indiscutible. Jamás, desde 1966 a la fecha, ningún partido había acumulado tal cantidad de poder legislativo indiscutido, por no hablar del resultado municipal y la contundente victoria presidencial en primera vuelta.
A seguidas, el gobierno dio señales claras de que con todo ese poder promovería una serie de reformas legislativas en todos los ámbitos, comenzando por la Constitución y la consagración del ministerio público independiente. De igual forma, son loables los esfuerzos legislativos en materia de transparencia, contrataciones públicas, ética, etc.
Sin embargo, más allá de esas reformas de vocación ontológica/ética, que apuntalan la transparencia y combaten la corrupción, a la fecha, las grandes reformas estructurales están pendientes (laboral, fiscal, seguridad social, agua, códigos civil y comercial, etc.), el reloj de la octava disposición constitucional transitoria está corriendo, y apenas quedan cuatro legislaturas para aprobar y promulgar todas las leyes pendientes ordenadas por la Constitución.
Con tanto poder contenido en sus manos, sería terrible para el país que este congreso no pudiera aprobar todas esas leyes; pero también sería una derrota moral e histórica para el PRM y el gobierno, que, con esas súper mayorías cualificadas no pudiera impulsar una verdadera actualización legislativa; una revolución institucional que modernice el Estado y lo coloque en el siglo XXI.
