¿Cómo se diseña una campaña electoral?

Alfonso Caraballo Una campa ña electoral, por modesta que parezca, si pudiera verse en conjunto y a cierta distancia, aparecería...




Alfonso Caraballo

Una campaña electoral, por modesta que parezca, si pudiera verse en conjunto y a cierta distancia, aparecería como una intrincada madeja, un enjambre de acciones y discursos, algo que raya en lo caótico.

Pero si está bien diseñada y ejecutada en realidad será más parecido a una sinfonía con su multitud de músicos y sonidos desplegándose en armonía, cada instrumento dimanando sus sonidos acompasados con el resto de la orquesta.

¿Qué es lo que permite que tantos interpretes toquen afinados la parte del todo que le corresponde?

Pues eso, que cada uno tiene su partitura y la ejecuta con disciplina. Buena parte de la clave está en la partitura, la otra parte en el director y finalmente en que cada uno haga lo suyo.

Sin partitura, caos.
Sin director, caos.
Si un solo músico desafina o mete ritmo de merengue donde va tango, caos.

Trasladando la metáfora a sus términos llanos la partitura viene a significar el plan de campaña.

Ese es un documento, si un documento, porque tantas notas y claves no deben quedar en la mente de alguien con tufillo de genio, así como así. Hace falta un plan escrito. Con lo que eso significa de rumiación previa y cálculo frío de cada elemento táctico o estratégico.


La campaña se diseña en frío, aunque algunas de sus partes, como los discursos incendiarios que procuran abrazar los corazones de los electores, sea puro fuego marcial.

Por eso los expertos en campañas electorales suelen coincidir en la idea de que una campaña, cuando es buena, inicia en la biblioteca. Con lo que quieren decir que se basa en estudio, en análisis fino y sistemático.

Para hacer un plan, cualquier plan, que sea eficaz, que consiga lo que se propone, hay que empezar estudiando la realidad sobre la que se pretende actuar, no dejando escapar ninguno de los elementos importantes que ayuden a nuestros propósitos o que lo entorpezcan. Cada elemento deberá ser tomado en cuenta para que entre en nuestro plan y consigamos hacer realidad nuestros deseos.

Como se ve la preparación de un buen plan de campaña es una tarea ardua, complicada, exigente. Requiere una gran capacidad de las personas que se aplican a ello.

Requiere conocimientos especializados de política, marketing electoral, comunicación, formulación de proyectos, estadísticas, en fin.

Contar con un buen plan de campaña es tan vital que su carencia, o la posesión de uno mal planteado, puede hacer que un buen candidato, con una coyuntura política favorable, muerda decepcionado el amargo polvo de la derrota.

Como hemos visto un buen plan electoral cumple con la importante función de coordinar recursos humanos, materiales, financieros, organizacionales, políticos y un extraordinario cúmulo de actividades simultaneas y secuenciales, todo esto apuntando a un objetivo previamente definido y acordado, que puede ser ganar unas elecciones o aprovecharlas para crecer en un sentido u otro.

La cosa se complica cuando consideramos que una estrategia tiene una gran multiplicidad de planes: electorales, de comunicación, financiero, propaganda, publicidad, organización, marketing, gestión de crisis,

Pero, ¿qué es lo que permite que todo este angustioso enjambre de planes recursos, actividades y objetivos estén alineados, con direccionalidad, en armonía?

La estrategia. Ella es la columna vertebral de un buen plan de campaña.

La estrategia será el eje a partir del cual las diferentes áreas de la campaña beberán para hacer sinergia entre ellas, que cooperen entre ellas, que una sea soporte para las otras y logren el efecto final establecido: que el día de las elecciones los votantes conquistados por las acciones del plan marchen emocionados a emitir su voto a favor del candidato que supo entrar a sus corazones y conquistarlos.
 
Por todo lo dicho es fácil concluir que el plan es el arma más importante de una campaña.

Si, ya sé que algún listillo armado con un discurso pragmático ripostará  que las elecciones se ganan con dinero, y hablará hasta de comprar votos, de papeletas, de papeletazos…

El dinero es fundamental y más en política, es cierto. Pero sin estrategia inteligente podría malgastarse, y hasta perderse. Con una buena estrategia el aspirante es más competitivo, asegura mucho mejor los resultados buscados, sienta las bases para una mejor gestión desde el puesto buscado, abona puntos para su reelección y capitaliza su imagen para seguir creciendo.

Y sobre todo se desmarca del reino animal como un ser pensante, aprovechando su dimensión racional y optimizando el uso de sus recursos.

A pesar todo lo dicho es común ver a más de un candidato iniciando un proceso de campaña sin planificar. O planificando caóticamente.

Sacan primero un slogan. Una frasecita que les parece bonita, pero desvinculada de sus temas de campaña, de sus mensajes, de las cuales ese slogan debería ser una expresión sintética, digerible y emocional. Después del slogan hacen un esfuercito y definen sus temas, desconectados de su slogan o en contradicción con él. Y después para colmo, se aplican a la elaboración de una estrategia, que muchas veces no pasa de ser un plan operativo formulado como un cúmulo frenético de actividades sin la relación orgánica necesaria entre ellas.

Al final obtienen un frankenstein, con mal aliento y todo, sin pies ni cabeza ni esqueleto, y que por lo tanto ni camina, ni corre ni vuela. Se arrastra como culebra, penosamente.

La consecuencia de tal proceder puede, paradójicamente mas costosa que la contratación de un buen consultor. El que así irrespeta el serio juego de la política, a lo mejor por ahorrarse unos pesos, termina sin el dinero, sin el triunfo y con la imagen menguada.

La elaboración de un plan de campaña real es un trabajo muy serio y exigente. La visión que lo sitúa como una mera formalidad debe ser superada. Es el alma de una campaña exitosa, por lo que para su elaboración no se deben escatimar esfuerzos y mucho menos se debe incurrir en el error de dejarlo en manos improvisadas, de esas que van por Interntet, haciendo copypaste aquí y allí para producir un documento sin la debida sistematicidad y con pocos efectos reales sobre la realidad que trata de impactar.

Como hace siglos afirmó el archiconocidísmo estratega chino Sun Zut: «La guerra es un asunto de vital importancia para el Estado; la provincia de la vida o de la muerte; el camino de la supervivencia o de la ruina. Se requiere estudiarla profundamente».

Seguro que una campaña electoral no lo es menos y aquellos que osan meterse en ellos sin la debida preparación pueden perderlo todo, hasta la vida. 

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