La novedosa teoría de Rosario Espinal sobre violencia de género

Alfonso Caraballo Rosario Espinal explica la violencia sexual masculina en clave de neurociencia, con una hipótesis que de ser com...



Alfonso Caraballo

Rosario Espinal explica la violencia sexual masculina en clave de neurociencia, con una hipótesis que de ser comprobada podría depararle a la República Dominicana su primer premio nobel de ciencia.

En su artículo «El pene, ¿arma de destrucción?» plantea que buena parte de los femenicidios, violaciones a ancianas y niñas, e incluso, los horripilantes crímenes perpetuados por el macabro Víctor Alexander, alias Chamán Chakra, se deben a una compleja interacción de celos, pene y cerebro:

«Pero si los celos llevan un hombre a asesinar una mujer, entonces, el cerebro es guiado por el órgano incorrecto. Si fueran casos aislados, la destrucción fuera casual, ¡pero no!, son muchos casos. Conclusión, el pene es un arma de destrucción en esta sociedad.»

Según Espinal los celos hacen que el pene tome el control del cerebro llevando al hombre, una eventual víctima de este mecanismo biológico, a asesinar a la mujer que lo activa.

En lo adelante sería más exacto hablar de penicidios, en tanto que asesinato ocasionado por un pene dislocado por los celos.

La politóloga aduce que la mujer no viola porque no tiene pene. «Las mujeres no violan sexualmente porque no tiene pene. Así de sencillo.»

Aunque conocemos hombres que dicen haber sido violados por primas, tías y amigas, cuando eran niños. A otros con menos suertes les han amputado sus penes.

Es célebre el asesinato de Pepe Rosario, de  Los Hermanos Rosario, apuñalado por una mujer celosa. Más recientemente otra mujer celosa le amputó el pene a su pareja, mientras dormía sedado por ella, en Puerto Plata.

Habrá que investigar si estas mujeres eran andróginas.

Lo cierto es que tras leer el artículo la conclusión no explicitada parece ser que la solución a la violencia sexual masculina solo podría darse mediante la inhabilitación del pene, por vía física, cercenándolo,  o por vía sicológica, mariconizando al hombre.

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