Guillermo Moreno: causas ocultas de su accionar político

Guillermo Moreno Alfonso Caraballo Guillermo Moreno es el típico candidato eterno, propio de esos partiditos tan pequeños que sus ...

Guillermo Moreno
Alfonso Caraballo

Guillermo Moreno es el típico candidato eterno, propio de esos partiditos tan pequeños que sus siglas sobrepasan en cantidad de letras al número de sus votantes, y cuyo nombre usted no puede recordar, por más que se esfuerce.

Igual ocurre con sus propuestas, con su visión de país,  si es que la tienen, no logran transcender lo suficiente como para que el electorado nacional las pondere.

Tras cada proceso electoral les ocurre lo mismo: la organización política que lo lleva como candidato, sea prestada, propia o una alianza de organizaciones, pierde la personería jurídica por la baja votación.

Y uno, finalmente, tiene que preguntarse qué lleva a un individuo a lanzarse una vez tras otra a la búsqueda de la presidencia de un país pese a  obtener el fracaso como resultado invariable.

Alguien podría señalar un sin número de casos históricos de personajes que fracasaron muchas veces antes de triunfar, y es cierto, abundan esos ejemplos, pero cuando usted los estudia, uno por uno, se encontrará en cada caso con personas que eran realmente carismáticas, tenían un gran magnetismo, un  gran poder de persuasión, una gran capacidad de expresar una gran pasión.

Pero cuando usted ausculta a Moreno Guillermo, a diferencia de Lincoln, Lula, Bosch u otro paradigma similar, usted no logra ver ningún don especial, salvo su inquina, su odio inocultable contra Leonel Fernández.

Y esta tenaz persecución contra el político dominicano vivo más destacado y exitoso es un síntoma clarito de los motivos reales que mueven al exfiscal a actuar.

Es casi seguro que el primer cargo público relevante que desempeñó Guillermo Moreno fue el de procurador fiscal, nombrado por Leonel Fernández en el inicio de su primer gobierno, 1996-2000.

Desde esa posición presentó la misma actitud, la misma estrategia que ahora presenta frente a Leonel Fernández: ubicó al político más destacado e influyente de ese tiempo: el doctor Joaquín Balaguer, lo acusó de corrupción y pretendió meterlo preso en medio de todo un show mediático.

A nadie se le habría ocurrido la “brillante” idea de meter preso al doctor Balaguer, quien presenció el paso de los gobiernos de Antonio Guzmán Fernández, Salvador Jorge Blanco y parte del de Hipólito Mejía.

En esos momentos Balaguer, ciego y con 96 años de edad había apoyado al PLD para hacer posible su triunfo en la segunda vuelta electoral del año 1996 sobre el candidato perredeísta José Francisco Peña Gómez.

Como vemos Moreno pone la vista en grandes personalidades, en "pejes gordos", pretendiendo siempre descalificarlas, derribarlas, aniquilarlas.

Muchos piensan que esta es una estrategia dirigida a hacerse visible, a buscar notoriedad y sin duda hay mucho de esto: una persona que quiere decirle al país que él es honesto, aunque su esposa y su hijo se han beneficiado grandemente de los gobiernos de Leonel Fernández, que él tanto descalifica bajo el alegato de corrupción.

Pero debe haber algo más que el afán de notoriedad  en esta tendencia  a atacar tan enconadamente a los actores políticos más destacados de su tiempo.

Esta actitud, y la virulencia con que la asume, suelen ser síntomas de profundos complejos de inferioridad, complejos que muchas veces provienen de padres que minaban la autoestima de los hijos con mensajes descalificadores, o trazándoles metas demasiado altas para ellos, con la consiguiente experiencia de frustración que esta situación suele generar.

Muchos de los niños que sufren este tipo de educación, de adultos siguen reproduciendo la trama que les ocasionó sus traumas, siguen teniendo como una tarea pendiente la de demostrarle a sus padres que si pueden alcanzar las grandes metas que de niños nunca pudieron.

Este tipo de personaje ve en los grandes líderes una síntesis del padre exigente al que complacer  a la vez que actualizan la experiencia frustrante de que otros si pueden alcanzar esas metas que para él se mantienen imposibles de alcanzar.

De modo que la principal ofensa que le ha propinado Leonel Fernández a Guillermo Moreno es la de ser un triunfador, un estadista reconocido internacionalmente, un hombre que a pesar de su juventud ya ha sido presidente de su país en tres ocasiones y que proyecta serlo por cuarta vez.

Todo esto explica que el blanco de sus ataques sea precisamente un modelo de éxito y no otros políticos que como Hipólito Mejía y Miguel Vargas Maldonado también representan espacios políticos a los que el  podría aspirar. 

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  1. Yasmill Cruz Bernabel26 de mayo de 2013, 12:56

    Un tal Alfonso Caraballo; que al primer párrafo leído es evidente su falta de criterio y veracidad. Un "artículo" , si así puede llamársele, predispuesto. Lleno de alabanzas a un fulano.

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  2. bocina a la vista!!!! basura carajo, maldita crápula quien escribió este articulo

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  3. Sin dudas, Alfonso Caraballo tiene valor al emitir su comentario. Por lo visto Guillermo Moreno, si las elecciones fueran ahora, sacara un 98% de los votos, en vez del 0.01 que sacó en las pasadas elecciones. Este pueblo es con lo que se le coja. Ahora quieren crucificar a Leonel, para darle el voto en el 16. Ay Magino, NO ME JORAS!

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