El peor enemigo de Danilo Medina

Alfonso Caraballo.- Aunque parezca paradójico, en  política contar con un enemigo es de c...

Danilo Medina

Alfonso Caraballo.-

Aunque parezca paradójico, en  política contar con un enemigo es de capital importancia.
Un enemigo de talla permite alinear fuerzas, planificar acciones, culpar, castigar, y tener un blanco fácil para descargar iras y frustraciones.

Desde que Adán y Eva descubrieron la utilidad de tener a alguien a quien culpar, pecar se hizo menos costoso.

En el caso del actual presidente de la República, Danilo Medina, parece producirse la excepcional situación política de carecer de enemigo, por lo menos de importancia.

Con el tiempo el PRD se cansó de ser el enemigo número uno. Papel que hacía como nadie.
Sirvió a la perfección como el enemigo de Trujillo, Balaguer y Juan Bosch, a tal punto que se convirtió en símbolo de mal gobierno y desorden.

El último en nutrir esa percepción desde el poder fue  Hipólito Mejía que ahora, en su nueva etapa de perremeista, según las malas lenguas,  es un socio comercial difuso del actual gobierno peledeista.

Si se mira a Miguel Vargas Maldonado, presidente del PRD,  la cosa es mucho peor, de líder de la oposición ha pasado a ser canciller de la República, un empleado de cierta categoría, pero empleado al fin.

Por otro lado, el  Partido Reformista Social Cristiano no pasa de ser  una organización que inverna entre elecciones y elecciones, despertando para ver con cuál de los partidos mayoritarios se aliará y cuánto le tocará del financiamiento estatal.

En el caso de Luis Abinader no se le puede acusar de muchas cosas ya que tiene muy poca experiencia de Estado. No es muy útil cuando lo que se requiere es un enemigo de gran calado.

Además,  Abinader  probablemente ostente el record del líder político dominicano que menos primeras plana de periódico consigue, un indicador de su poco poder de impactar y compactar la opinión pública.

Como principal candidato presidencial opositor obtuvo  la menor votación de los últimos 15 años, a pesar de que compitió con un partido que cumplía tres periodos   seguidos en el poder y se postulaba para un cuarto.

Llevando la mirada hacia el PLD las cosas no parecen distintas. 

Allí la figura de  Leonel  Fernández fue brutalmente disminuida por una campaña que llegó al punto de usar en su contra a uno de los narcotraficantes más grandes de nuestra historia.

Tambien a Felix Bautista se le sacó todo el jugo como el culpable número uno de toda la corrupción nacional, ya no sirve más para el papel.

Y es así como el presidente Danilo Medina parece estar en un escenario sin el clásico enemigo político.

Quizás por eso  la figura de John Percival Matos,  un delincuente común que asaltaba bancos de una manera espectacular, sin máscara y armado con un fusil, pareció elevarse por un instante a la categoría de desafío político para el Estado dominicano,  hasta el punto de provocar reuniones encabezadas por el mismísimo presidente y hacer que el jefe de las Fuerzas Armadas declarara que dedicaría a su persecución a miles de agentes.

Al parecer, cuando los que gobiernan carecen de un enemigo inspirador entonces corren el riesgo de que la gente se lo configure por su cuenta.

Y una de las posibilidades es que el enemigo autogestionado por la ciudadanía resulte ser el propio gobierno.

Y de ahí a la toma de las calles, a las protestas constantes, a la aparición de un mesías inesperado, al desgaste político vertiginoso,  suele haber un trecho breve, a veces como un relámpago.  Así lo muestran los cataclismos políticos que se han sucedido desde el norte de África hasta Europa  y desde la Patagonia hasta el polo norte.

De modo que el gran enemigo de Danilo Medina puede ser justamente carecer de un buen enemigo.
Al actual gobernante   podría hacerle falta el malo de la película que permita a los espectadores quedarse tranquilos en sus asientos viendo como el héroe hace su trabajo de salvador en vez de estar pensando en salir a hacer marchas multitudinarias contra la corrupción y la impunidad.

Viendo todo este panorama  se puede entender  que en la política moderna los enemigos, como los recursos naturales,  no se aniquilan, se preservan para el buen funcionamiento del sistema, o a lo sumo se reciclan.

Y quizás por eso algunos entendidos en la materia preferirían hablar de adversarios. Un rol más sistémico y civilizado, y que no exige llegar al termino del exterminio, de ninguna de las partes.



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